jueves, 19 de julio de 2012

TARDIVE DYSKINESIA




LOS NADIE

*LOS NADIE*

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadie con salir
de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a
cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca.
Ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los
nadie la llamen,
aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie
derecho,
o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadie: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadie: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre,
muriendo la vida, jodidos, rejodidos.
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadie, que cuestan menos que la bala que los mata.

*Eduardo Galeano*

CONDE DE LAUTREMONT






Las perturbaciones, las ansiedades, las depravaciones, la muerte, las expeciones en el orden f’isico y moral, el espiritu de la negaci’on, los embrutecimientos, las alucinaciones favorecidas por la voluntad, los tormentos, la destrucci’on, las l’agrimas, las insaciabilidades, las servidumbres, las imaginaciones penetrantes, las novelas, lo inesperado, lo que no debe hacerse, las peculiaridades qu’imicas del buitre misterioso que acecha la carrona de alguna ilusion muerta, las experiencias precoces y abortadas, las oscuridades con caparaz’on de chinche, la terrible monoman’ia  del orgullo, la inoculaci’on de los estupores profundos, las oraciones f’unebres, las envidias, las traiciones, las t’iranias, las impiedades, las irritaciones, los despropositos agresivos, la demencia, el soleen, los terrors razonados, las inquietudes extranas que el lector preferir’ia no sentir, las muecas, las neurosis, las hileras ensangrentadas por las que se hace pasar la l’ogica que no tiene salida, las exageraciones, la falta de sinceridad, los parloteos, las vulgaridades, lo sombr’io, lo l’ugubre, los partos peores que los asesinatos, las pasiones, el clan de los novelistas de tribunals, las tragedias, la sodas, los melodramas, los extremos presentados perpetuamente, la raz’on silbada impunemente, los olores de gallina mojada, las insipideces, las ranas, los pulpos, los tiburones, el  sim’un  de los desiertos, todo aquello que es son’ambulo, turbio, nocturne, somn’ifero, noct’ambulo, viscose, foca parlante, equ’ivoco, tuberculoso, espasm’odico, afrodis’iaco, an’emico, tuerto, hemafrodita, bastardo, albino, pederasta, fen’omeno de acuario y mujer barburda, las horas repletas de desaliento taciturno, las fantas’ias, las acritudes, los monstrous, los silogismos desmoralizadores, las basuras, lo que es irreflexivo como el nino, la desolaci’on, ese manzanillo intellectual, los chancros perfumados, los muslos con camelias, la culpabilidad de un escritor que rueda por la pendiente de la nada y se desprecia a si mismo con gritos jubilosos, los remordimientos, las hipocres’ias, las perspectivas imprecisas que os trituran con sus engranajes imperceptibles, los severos escupitajos sobre los axiomas sagrados, la piojer’ia y sus cosquilleos insinuantes, los prefacios, insensatos como los de Cromwell, de la senorita de Maupin y de Dumas hijo, las caducidades, las impotencias, las blasfemias, las asfixias, las sofocaciones, las rabias, frente a esos inmundos osarios que con s’olo nombrarlos enrojezco, es hora de reaccionar contra lo que nos ofende y nos doblega autoritariamente. Vuestro esp’iritu es arrastrado perpetuamente fuera de quicio y sorprendido en la trampa de tienieblas construida con grosero artificio por el egoismo y el amor propio.

Lautremont